Conducir a 180

La primera vez que llevé a María a Athenea, recuerdo que Marisol nos dijo a Paco y a mí:
«Ser un superdotado es en algunos casos como conducir un coche a 180 Km. por hora «.
Yo he conducido un coche a 180 Km por hora, y una vez, hace años, de Valencia a Madrid me fotografiaron. En una autovía de 4 carriles, el guardia civil se puso en medio de dos carriles para pararme. Paré, asustada no sería la palabra, de verme a aquel hombre en medio de la autovía. Y encima le eché la bronca por arriesgar su vida. Si, ya me conocéis los que me conocéis. Aquel buen hombre me dejó hablar y desahogarme de mi susto y después me dijo:
– ¿Sabe Vd. a qué velocidad iba?
– ni idea,  le dije yo.
– a 180 km por hora.
– ¡Uy! Pues ni me había dado cuenta…..
– Pues que sepa Vd.  que también estaba arriesgando su vida, y encima sin saberlo.
Mi susto, mi gran susto, fue motivado porque cuando se viaja a velocidad se pierde la capacidad de observación del entorno, no vi al guardia civil con la lentitud de los 100/120. Me lo comía con los 180.
Pues eso, a 180 es mucho más fácil darse la torta, tragarse a alguien, es mucho más fácil no darte cuenta, si te equivocas de dirección no poder reconducir la situación fácilmente, es mucho más fácil no observar detalles que podrían cambiar la forma de concluir una determinada situación.
Y esto es, ni más ni menos, conducir un coche a 180 kilómetros por hora.
Mira por donde he encontrado en Internet un artículo tratando este tema, en el Mundo del Superdotado. Os quiero hacer partícipes, con mi versión MADRE, de lo que he descubierto para que nuestros niñ@s no se pasen de velocidad.
1.- Enseñémosles a no dejarse llevar por las primeras conclusiones. Tomarse tiempo para pensar, observar la situación antes de tomar una decisión, escuchar, escuchar a los demás aunque a veces resulte » aburrido» o aunque les parezcan » más lentos». Cualquier persona tiene mucho que aportar. No todo es hablar, hablar, hablar…. Aprender esto cuesta pero les permitirá ver muchas cosas a ambos lados del camino. Trabajar la capacidad de observación de lo que interesa sale solo, de lo que no interesa es difícil. Pero a veces detrás de lo no interesante a priori hay grandes cosas que nunca encontraremos si no somos capaces de detenernos.
2.- Enseñémosles a abrirse a los demás. Como dicen en el colegio de María » nadie es una isla», nadie debe vivir sólo. El aislamiento es un gran enemigo. Hay que encontrar para nuestros niñ@s actividades a las que engancharse, con nuestro grupo de ASA porque es importante crear grupo y llevarse alguna amistad significativa para su vida y con gente diferente que tenga intereses comunes.
3.- Enseñarles a disfrutar de su inteligencia. Buscar como padres posibilidades a nuestro alcance para satisfacer la curiosidad infinita que va a rodear nuestras vidas. Buscar a través de la Asociación llenar este hueco de búsqueda sin fin. Pero sin olvidar que tener mayor capacidad intelectual no te lleva a ser el mejor en todo ni a conseguir todas las metas. Y sin olvidar que ayudar a los demás en el aprendizaje puede ser una maravillosa experiencia que habrá que proponerles. Me sorprende que en ASA no haya nadie de los mayores dispuesto a colaborar con los chicos, con lo mucho que pueden aportar. ¿Es que los padres no se lo hemos dicho nunca…?
4.- Es bueno, por lo dicho anteriormente,  que les enseñemos a tolerar el fracaso y a sobrevivir a la frustración. Las metas de nuestros niñ@s pueden ser excesivamente ambiciosas, pero los recursos propios, el entorno, la sobrevaloración de las propias capacidades, la falta de perseverancia por aburrimiento, no conducen siempre a alcanzarlas.  
5.- Enseñémosles a no alardear nunca de una inteligencia superior. Siempre habrá alguien que les podrá demostrar su superioridad en alguna otra faceta en la que nuestros niños no sean brillantes.
Desde ASA tomamos nota también de estas particularidades para como Asociación cumplirlas por el interés educativo que tienen, pero no olvidemos nunca que nosotros somos los padres y somos y seremos los primeros educadores. Que de nuestras casas deben salir cimientos, que ni el colegio lo es todo, ni Asa lo es todo, ni las extraescolares lo son todo. Que nunca nada se debe convertir en un aparca-niños, que nuestra implicación como educadores debe ser al 100%, en todo momento y lugar y que es difícil, pero si lo dejamos nosotros, si nosotros tiramos la toalla, si no tomamos conciencia educadora en todas las facetas de nuestra vida, nadie lo hará, nadie, nadie, nadie.
YOLANDA ESCUDER
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