Una Alta Capacidad. Nati Santana.

Sirva este relato para inaugurar nuestra biblioteca personal del blog. Esperamos recibir tanto relatos como fotografías que reflejen el mundo de la inteligencia y de las Altas Capacidades Intelectuales. En este caso es un relato increíble que participó en nuestro II Concurso Internacional de Creatividad Literaria. 
Os animamos a participar. Seáis adultos o más jóvenes.
UNA ALTA CAPACIDAD de Nati Santana
     Oscuridad.
     Abro de nuevo los ojos, no hay cambios, vuelvo a ver el mismo mundo homogéneo lleno de figuras semejantes.
     Empiezo a moverme, sin tomar contacto con el suelo, haciendo rodar la cápsula en la que vivo día y noche, que tiene un aire en el que solo yo puedo respirar.
     Empiezo a subir unas escaleras, mi mente está en blanco, no se donde estoy, ni qué hago aquí, ni a dónde voy exactamente; me guían mis pies dentro de mi cápsula, que contiene el aire que respiro: un aire muy distinto al de fuera…. 
     Veo algunas de las figuras, que me saludan, pasan por mi mente algunos recuerdos en los que hablo con ellas, algunas llevan en mi misma clase en el colegio desde que tenía tres años; sin embargo, los pensamientos salen de mi cápsula y rebotan en ella al intentar entrar de nuevo, al igual que sus palabras, y todo lo que tiene que ver con ellas,  y vuelvo a pensar por millonésima vez que no conozco  esas figuras.
   De pronto, ocurre algo, una de ellas, alta y adornada exageradamente,  choca con mi cápsula, se da la vuelta y, mirándome a través de ella, empieza a decir palabras extrañas en un idioma insólito que oigo todos los días y nunca soy capaz de entender.
    No sé lo que dicen esas palabras, pero hacen que el tamaño de mi cápsula disminuya y el aire se comprima; noto la presión en cada parte de mi cuerpo, no puedo respirar e intento que esto termine diciendo algunas palabras en mi idioma; eso hace que pare de hablar, aunque ahora se ría de mi  resolución.
     Me alejo de las risas, que por alguna razón no se me contagian y  me asomo con avidez a una estancia donde el aire es parecido al mío, donde veo pensamientos y opiniones parecidas a las mías, mi cápsula va desapareciendo… estoy a punto de entrar cuando un serio guardián de la puerta se interpone en mi camino y, empujándome hacia atrás, la cierra, obligando a mi cápsula a aparecer de nuevo.
     Entro en la misma sala donde he estado pasando seis horas al día durante siete meses, aunque nada me parece familiar….
     Llego al sitio exacto donde he pasado ese tiempo, en el que sólo hay una mesa y una silla, y hasta que no me siento y empiezo a esparcir por ellos mi aire, mis ideas y mi idioma, no cede la cápsula para dejar entrar ese espacio, que pasa de formar parte de la homogeneidad del entorno, a transformarse en un mundo donde cada milímetro es diferente al anterior.
     Entonces, algo aparece en la estancia que me llama la atención, es una mezcla de las figuras de antes y de mí misma, más parecida a mí que a ellas, que saluda y se sienta en su sitio; no tiene cápsula, y habla un idioma que todos entendemos, tanto las figuras como yo.
     Empieza la clase, el recién aparecido se levanta y se acerca a la pantalla (también conocida como «pizarra»)donde mis ideas se exponen un minuto después de pasar por mi cabeza.
     Dibuja un laberinto extraño y empieza a explicar cómo llegar a la salida, ahora arriba, ahora abajo, a la derecha, a la izquierda; intento seguir ese camino, pero mi mente se desvía y llega a la salida por un camino mucho mas fácil y corto, que las figuras y el ser intermedio califican como complejo.
     Después de esto, llegan nuevos laberintos con diferentes claves para llegar al final, pero mi clave, única e inadvertida, me sirve para llegar mucho antes a la salida de esos laberintos, por lo que vuelvo a distraerme.
     Mi mente viaja a otro mundo, un mundo en el que puedo respirar, en el que mis ideas corren a su aire sin miedo a caerse… un mundo anhelado por ser el único que puede entrar en mi cápsula….
     De repente, suena el timbre; involuntariamente, empiezo a recoger mis cosas y salgo de la sala, bajo las escaleras, salgo por la misma puerta por la que entré hace ya seis horas y, tras dirigirle una  última mirada al instituto, pienso de nuevo que éste nunca entrará en mi cápsula…
    Afortunadamente, hoy voy a visitar ese mundo que tanto ronda mis pensamientos.
      Me subo en el coche, la música que oigo hace que mi cápsula se vuelva más sensible, ya que siempre es bien recibida.
     Al bajar del coche, todo cambia, allí esta la puerta que me llevara lejos de lo que no comprendo…la abro y, allí están, mis amigos.
    A cada sonrisa, a cada saludo, a cada paso que doy, mi cápsula va diluyéndose, hasta que mi aire se fusiona con el del entorno, que es igual, porque, en realidad, mi cápsula es una pequeña parte del aire que ahora nos rodea, que intenta protegerme cuando no tengo el  mismo espacio que suelo tener cuando estamos todos juntos.
      Me acerco a ellos, y aunque no hace mucho tiempo que los vi por primera vez, me doy cuenta de que los conozco mucho más que a esas figuras porque  hablan mi idioma, tienen mis mismas ideas, los conozco porque me conozco a  mí misma.
     Sé que esto sólo va a durar tres horas y luego volverá todo a la normalidad, pero vale la pena tener una capacidad diferente a la de los demás, si así puedo vivir estas  cortas horas en las que se mezclan la diversidad  y  la similitud.
    Y resumo este relato en un lema: aunque el lado negativo de nuestras vidas intente tragarnos, el positivo siempre estará ahí para abrirle la boca al lobo.
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