«Habilidad» vs «Capacidad»

Según el DRAE, capacidad es:
1. f. Propiedad de una cosa de contener otras dentro de ciertos límites. Capacidad de una vasija, de un local.
2. f. Aptitud, talento, cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo.
La primera acepción nos lleva a entenderla como una suerte de «contenedor» o «capacidad de». Algo estático y, cómo no, pasivo/receptivo. Incluso su crecimiento es del todo pasivo porque depende de ciertas presiones del entorno (de ciertos factores extrínsecos) para que se dé.
La segunda acepción nos habla de «capacidad para» o potencial (cualidad que dispone para hacer algo). Lo que distingue a la persona es su alto potencial para actuar en pro de su desarrollo intelectual. Algo «dinámico» y, cómo no, activo o como se dice ahora para no confundirlo con lo meramente «reactivo»: proactivo.
La noción de potencia o potencial nos habla de algo que «puede ser» o que «puede llegar a ser», pero que todavía no lo es. La potencia (dynamis) como condición para la acción conocida como actualización, desarrollo o realización (energeia) de esos potenciales. El matiz diferencial reside aquí en el que ese desarrollo no depende de ciertas presiones del entorno (de ciertos factores extrínsecos).
Así, podemos contemplar dos nociones de capacidad radicalmente distintas.
Una, estática y pasiva dependiente de factores extrínsecos. Siguiendo a Erich Fromm y cambiando términos podríamos hablar de CAPACIDAD NEGATIVA (capacidad de).
Dos, dinámica y activa independiente de factores extrínsecos. Podría hablarse de CAPACIDAD POSITIVA (capacidad para).
Fromm definió la libertad positiva como «la libertad positiva consiste en la actividad espontánea (natural) de la personalidad total integrada». Aquí utiliza el autor la palabra «espontánea» en su sentido originario, que significa literalmente «por sí mismo» (sin dependencia de factores extrínsecos). Y añado entre paréntesis lo de natural porque esa cualidad nos lleva irremediablemente al capítulo de las propensiones, que no son otra cosa que «tendencias o disposiciones naturales hacia algo»: inclinaciones naturales. Fromm quería destacar este punto, porque también solemos asociar «espontáneo» a algo reactivo, como puede ser por ejemplo la disposición de una nube en el cielo. La noción de evolución en su sentido originario (exvolvere, sacar por sí mismo hacia fuera lo que está dentro, actualización intrínseca de potenciales) nos habla también de esto.
Estos matices suelen pasarnos desapercibidos, pero son de suma importancia cuando queremos conocer realmente el alcance y límite de cierta propuesta. Luego lo veremos.
Si comprendemos esta precisión que trasciende la mera terminología (aluden a procesos naturales reales distinguibles), podemos contextualizar adecuadamente y apoyar la sustitución del constructo «capacidad» –potencial- por otro más práctico y operativo como es el constructo «habilidad» –actualización o concreción-.
Sabemos que en Murcia utilizan la noción de «Altas Habilidades» (traducción literal de «High Abilities») y  puede que sea importante la influencia de este texto de Castelló.
En él podemos ver con claridad varias cuestiones:
Una, se ciñe al «aprendizaje académico», al ámbito escolar. No contempla otro tipo de aprendizajes. Eso nos sirve para contextualizar la propuesta.
Dos, su definición de capacidad se limita a la acepción primera del DRAE. Es decir, contempla como única opción plausible la noción estática y pasiva de capacidad. Esto supone otra limitación al alcance de su propuesta, pero tiene la ventaja de que nos permite dibujarla mejor (operativizarla): «dado el origen físico de la palabra (que significa cabida, volumen)», «las estructuras cerebrales imponen los límites físicos de funcionamiento. Por lo tanto, el único sentido estricto que se puede dar a «capacidad» es aquello que permite físicamente el sistema (biológico)», «se refiere al conjunto de recursos cerebrales básicos de los cuales puede hacer uso una persona, en las condiciones ambientales apropiadas, para construir funciones y comportamientos», «respecto la estabilidad o inmutabilidad de los recursos vinculados a las capacidades, también es necesario establecer algunos aspectos. En primer lugar, para que un determinado recurso sea inmutable  debe esperarse que dependa de mecanismos deterministas de concreción como, por ejemplo, la maduración genética. Si el recurso ha de construirse, no existen garantías que dicha construcción se lleve a cabo, ya que depende, al menos en parte, de las condiciones del ambiente. De este modo, considerar que la capacidad de aprendizaje de una persona es un rasgo (característica, recurso) estable debería implicar que no tiene posibilidades de cambio, que es fija, que no puede mejorar», «razonar en términos de capacidad introduce connotaciones de algo que se tiene o no se tiene, de manera definitiva».
Tres, su propuesta establece otro límite de acción: la intervención escolar.
Cuatro, descarta la actividad intrínseca. Considera que nuestras estructuras cerebrales simplemente reaccionan a las presiones selectivas del entorno (físico o cultural) de forma mecánica o automática, sin tener en cuenta ningún impulso a la acción espontáneo y natural, ninguna propensión intrínseca: «el potencial de recursos físicos del organismo se utiliza solamente en función de los requerimientos del entorno».
Estas cuestiones no implican tanto la incorrección como la incompletitud contextual.
Teniendo en cuenta estas precisiones, resultan muy interesantes y aclaratorias las siguientes reflexiones:
«Una alternativa bastante más operativa es la de utilizar las habilidades adquiridas  por el alumno como punto de referencia para la toma de decisiones.
Desde un punto de vista pragmático, las habilidades pueden identificarse con el conjunto de funciones y comportamientos consolidados por el alumno. Por lo tanto se trata de una categoría positiva, fáctica, y no de un potencial, como era el caso de la capacidad.  Dado que se trata de recursos ya adquiridos, resulta factible que sean detectados y monitorizados. De este modo, no solamente se puede controlar el nivel de desarrollo de cualquier alumno, en un momento dado, sino que es posible planificar los objetivos de aprendizaje futuros, sobre la base de las habilidades previamente adquiridas.»
«7. Conclusiones
La principal conclusión del análisis realizado en este artículo hace referencia a la complejidad del concepto de «capacidad», el cual tiene naturaleza de constructo y se refiere al conjunto de recursos cerebrales básicos de los cuales puede hacer uso una persona, en las condiciones ambientales apropiadas, para construir funciones y comportamientos. Este concepto puede resultar útil en diversas circunstancias, aunque más vinculadas a la investigación y a la teorización del funcionamiento mental humano.
A efectos de intervención escolar, este concepto no actúa como elemento facilitador sino que, por el contrario, es susceptible de introducir errores importantes de razonamiento y de predicción. Primero, acceder al potencial individual es una tarea prácticamente imposible si no se dispone de una información neurológica extensa y precisa. Segundo, aunque se disponga de dicha información, no se puede determinar qué funciones y comportamientos se construirán, sino que sólo permite delimitar las funciones que no podrán construirse. Tercero, la capacidad no es un rasgo estable sino que varía debido a procesos de maduración y desarrollo. Y lo más importante: el tipo de información que aporta conocer la capacidad de una persona no sirve para tomar decisiones escolares como valorar la plausibilidad de adquisición de objetivos concretos, realizar una intervención compensatoria o bien, genéricamente, realizar una optimización individualizadora.
En contrapartida, las opciones que permite la utilización del concepto de «habilidad» son extensas y muy productivas, además de estar basadas en informaciones obtenidas directamente del entorno escolar. El acceso a las habilidades es directo, a partir del comportamiento escolar, sin requerir complejas tecnologías o sistemas poco ecológicos de evaluación; el tipo de información que propician puede ser utilizada, sin interpretaciones especulativas, por parte de todos los profesionales de la educación, dado que se trata de comportamientos y funciones de significación educativa;  finalmente, las habilidades consolidadas por los alumnos y alumnas, permiten una monitorización precisa de su evolución académica, del mismo modo que son un buen fundamento argumentativo para la toma de decisiones instruccionales.
Si se plantea una escuela centrada en las realidades, conceptos como potencial o capacidad tienen muy poco sentido. Por el contrario, planteamientos como las orientaciones a la individualización, como la respuesta a la diversidad o como la optimización de cada alumno requieren de un sistema explicativo positivo, operativo y tangible, sistema en el que encaja perfectamente el concepto de habilidad. Ya bastante compleja es la realidad escolar como para introducir conceptos explicativos —como el de capacidad— que no es que sean inútiles, pero que la complican todavía más.»
«se debe considerar que una parte muy importante de las manifestaciones escolares de comportamiento se llevan a cabo en situaciones de evaluación en las que se priman las condiciones de medición (como el tiempo, la igualdad de condiciones entre los participantes o el tipo de respuestas, entre otras) dotando estas situaciones de una importante artificialidad


José Luis Sánchez Piñero
ASA Málaga
659 37 48 04
web: http://asamalaga.org/

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